Fármacos de prescripción 1
Los
medicamentos de prescripción
como los analgésicos, tranquilizantes, estimulantes y sedantes,
son herramientas terapéuticas sumamente útiles pero
en ocasiones los pacientes no los toman siguiendo las indicaciones,
pudiendo volverse adictos. Los analgésicos hacen posible
la cirugía y permiten que muchas personas con dolor crónico
lleven una vida productiva. La mayoría de las personas que
toman medicamentos de prescripción lo hacen responsablemente.
Sin embargo, el uso inapropiado o no médico de estos medicamentos
constituye un asunto de grave preocupación en el campo de
la salud pública. El uso no médico de ciertos medicamentos
de prescripción como los opioides, los depresores del sistema
nervioso central (SNC) y los estimulantes, puede llevar a la adicción,
caracterizada por la búsqueda y uso compulsivo de estos
medicamentos.
Los pacientes, los profesionales
de la salud, y los farmacéuticos desempeñan un papel importante
en la prevención del uso indebido y la adicción a
los medicamentos de prescripción. Por ejemplo, cuando un
médico receta un analgésico, un depresor del SNC
o un estimulante, el paciente debe seguir cuidadosamente las instrucciones
para su uso, aprender qué efectos puede tener, y determinar
cualquier interacción potencial con otras medicinas. El
paciente debe leer toda la información proporcionada por
el farmacéutico. Los médicos y otros profesionales
de la salud deben investigar si existe cualquier tipo de abuso
de sustancias cuando toman el historial clínico de rutina,
haciendo preguntas sobre qué medicamentos, con o sin prescripción,
toma el paciente y por qué. Los profesionales de la salud
deben notar cualquier aumento rápido en la cantidad de medicamento
que el paciente necesita o si hay pedidos frecuentes para renovar
la prescripción del medicamento antes del tiempo establecido
en la misma, pues éstos podrían ser indicadores de
abuso.
Medicamentos de prescripción
comúnmente abusados
Aunque muchos medicamentos de prescripción se prestan al abuso o al
uso indebido, las siguientes tres clases son las que se abusan con más
frecuencia:
• Opioides:
recetados con frecuencia para tratar el dolor.
• Depresores del SNC: utilizados para
tratar la ansiedad y los trastornos del sueño.
• Estimulantes: recetados
para tratar la narcolepsia y el trastorno de déficit de atención
con hiperactividad.
Los opioides
Los opioides se recetan con frecuencia
por la eficacia de sus propiedades analgésicas,
es decir, por su capacidad para aliviar el dolor. Muchos estudios han demostrado
que el uso médico adecuado de los compuestos analgésicos opioides
es seguro y rara vez causa adicción. Si se toman siguiendo las instrucciones
exactamente, los opioides pueden usarse para manejar el dolor eficazmente.
Entre los compuestos
que caen dentro de esta categoría, también conocidos como narcóticos,
se encuentran la morfina, la codeína, y otros medicamentos
relacionados. La morfina se utiliza frecuentemente antes o después
de la cirugía para aliviar el dolor agudo. La codeína
se utiliza para los dolores menos intensos. Otros ejemplos de opioides
que se pueden recetar para aliviar el dolor incluyen la oxicodona
(OxyContín, una forma oral del medicamento de liberación
controlada); el propoxifeno (Darvón); la hidrocodona (Vicodín);
la hidromorfona (Dilaudid); y la meperidina (Demerol), que no se
utiliza tan a menudo debido a sus efectos secundarios. Además
de sus propiedades analgésicas tan eficaces, se pueden usar
algunos de estos medicamentos para aliviar la diarrea aguda (por
ejemplo, el Lomotil, que es el nombre comercial del difenoxilato)
o para la tos fuerte (la codeína).
Los opioides actúan uniéndose
a proteínas específicas llamadas receptores de opioides,
que se encuentran en el cerebro, la médula espinal y el
tracto gastrointestinal. Cuando estos compuestos se unen a ciertos
receptores de opioides en el cerebro y la médula espinal,
pueden cambiar eficazmente la manera en que una persona siente
el dolor.
Además, los medicamentos opioides pueden
afectar regiones del cerebro que determinan lo que nosotros percibimos
como placer, resultando en la euforia inicial proporcionada por
muchos de los opioides. También pueden producir somnolencia,
causar constipación y, dependiendo de la cantidad ingerida,
disminuir la frecuencia respiratoria. La ingestión de una
sola dosis muy grande podría causar una depresión
respiratoria aguda o la muerte.
Los opioides sólo se deben combinar con
otros medicamentos bajo supervisión médica ya que
pueden interactuar con los mismos. Típicamente no deben
usarse en combinación con sustancias como el alcohol, los
antihistamínicos, los barbitúricos, o las benzodiacepinas.
Ya que estas sustancias disminuyen la respiración, su efecto
combinado podría llevar a una depresión respiratoria
que pondría en riesgo la vida del usuario.
El uso de opioides a
largo plazo puede llevar a la dependencia física, es decir, que el cuerpo se adapta
a la presencia de la sustancia y si se reduce su uso abruptamente,
aparecen los síntomas del síndrome de abstinencia.
Esto también puede resultar en el desarrollo de tolerancia
al medicamento, lo que significa que se necesitan dosis mayores
del medicamento para obtener los mismos efectos iniciales. Es importante
notar que la dependencia física no es lo mismo que la adicción.
La dependencia física puede ocurrir aún en el caso
del uso apropiado pero a largo plazo de los opioides y otros medicamentos.
Mientras tanto, la adicción, como se indicó anteriormente,
es definida como el uso compulsivo, frecuentemente incontrolable
de estos medicamentos a pesar de los efectos negativos que estos
producen.
No sólo se deben tomar los medicamentos
opioides de prescripción bajo una supervisión médica
apropiada, sino que cuando se dejan de usarlos también conviene
hacerlo bajo supervisión de un profesional para reducir
o prevenir que los síntomas del síndrome de abstinencia
se manifiesten. Estos síntomas pueden incluir desasosiego,
dolor muscular y de los huesos, insomnio, diarrea, vómito,
escalofríos repentinos con erizamiento de la piel ("cold
turkey" o "romper en frío"), y movimientos
involuntarios de las piernas.
Las personas que se
vuelven adictas a los medicamentos de prescripción pueden recibir tratamiento. Las opciones
para un tratamiento eficaz a la adicción a los opioides
de prescripción provienen de las investigaciones para el
tratamiento de la adicción a la heroína. A continuación
se encuentran algunos ejemplos farmacológicos de tratamientos
existentes:
• La metadona, un opioide
sintético que
bloquea los efectos de la heroína y otros opioides, elimina
los síntomas del síndrome de abstinencia y alivia
el deseo por la droga. Ha sido utilizada por más de 30 años
para tratar exitosamente a personas adictas a los opioides.
• La buprenorfina,
otro opioide sintético,
es un nuevo componente del arsenal terapéutico para el tratamiento
de la adicción a la heroína y a otros opiáceos.
• La
naltrexona es un bloqueador de opioides de larga duración que se usa a menudo con personas altamente
motivadas en programas de tratamiento que promueven la abstinencia
total. La naltrexona también se utiliza para prevenir recaídas.
• La
naloxona contrarresta los efectos de los opioides y se utiliza
para tratar las sobredosis.
Los depresores del Sistema
Nervioso Central (SNC)
Los depresores del SNC disminuyen la función normal del cerebro. En
dosis más altas, algunos depresores del SNC pueden convertirse en anestésicos
generales. Los tranquilizantes y los sedantes son ejemplos de depresores del
SNC.
Los depresores del SNC
pueden dividirse en dos grupos, de acuerdo a su composición química y farmacológica:
• Los
barbitúricos, como el mefobarbital
(Mebaral) y el pentobarbital sódico (Nembutal), que se
utilizan en el tratamiento de la ansiedad, la tensión
y los trastornos del sueño.
• Las benzodiacepinas, como el
diacepam (Valium), el clordiacepóxido HCl (Librium), y el alprazolam (Xanax),
las cuales pueden ser utilizadas para tratar la ansiedad, las
reacciones agudas al estrés, y los ataques de pánico.
Las benzodiacepinas con efecto más sedante, como el estazolam
(ProSom), se pueden recetar para el tratamiento a corto plazo
de trastornos del sueño.
Hay
muchos depresores del SNC, la mayoría
de los cuales actúan sobre el cerebro de manera parecida,
es decir, afectan al neurotransmisor ácido gama-aminobutírico
(GABA). Los neurotransmisores son sustancias químicas del
cerebro que facilitan la comunicación entre las células
del cerebro. El GABA trabaja disminuyendo la actividad cerebral.
Aunque las diferentes clases de depresores del SNC actúan
de manera particular, al final es su habilidad de aumentar la actividad
del GABA la que produce el efecto de somnolencia o de calmante.
A pesar de estos efectos beneficiosos para las personas que sufren
de ansiedad o de trastornos del sueño, los barbitúricos
y las benzodiacepinas pueden ser adictivas y se deben utilizar
solamente siguiendo las indicaciones del médico.
Los depresores del SNC
no se deben combinar con ningún medicamento o sustancia que cause somnolencia,
incluyendo analgésicos de prescripción y ciertos
medicamentos para los resfriados y las alergias vendidos sin necesidad
de prescripción médica, o el alcohol. Si se combinan
pueden deprimir la respiración o deprimir al mismo tiempo,
el ritmo cardiaco y la respiración, lo que podría
ser mortal.
Suspender el uso prolongado
de dosis altas de depresores del SNC puede causar que se manifiesten
síntomas
del síndrome de abstinencia. Ya que funcionan disminuyendo
la actividad cerebral, una posible consecuencia del abuso es que,
cuando se dejan de tomar, la actividad del cerebro puede alterarse
al punto de que pueden ocurrir convulsiones. Cuando una persona
está considerando dejar de usar un depresor del SNC, o ha
dejado de usarlo y está presentando los síntomas
del síndrome de abstinencia, debe hablar con un médico
y buscar tratamiento.
Además de la supervisión médica,
la terapia o consejería sea dentro o fuera de un centro
de rehabilitación, puede ayudar a las personas que están
sobreponiéndose de una adicción a los depresores
del SNC. Por ejemplo, la terapia cognitiva-conductual ha sido usada
con éxito para ayudar a las personas bajo tratamiento por
el abuso de benzodiacepinas. Este tipo de terapia está dirigido
a modificar la manera de pensar del paciente, sus expectativas
y comportamientos, al mismo tiempo que aumenta sus habilidades
para enfrentarse a diferentes factores estresantes de la vida.
A menudo el abuso de
los depresores del SNC ocurre en conjunto con el abuso de otras
sustancias o drogas, como
el alcohol o la cocaína. En estos casos de abuso de varias
drogas, el enfoque del tratamiento debe estar dirigido a las múltiples
adicciones.
Los estimulantes
Los estimulantes aumentan la agudeza mental,
la atención y la energía,
y estos cambios se acompañan de aumentos en la presión arterial,
la frecuencia cardiaca, y la frecuencia respiratoria.
Históricamente, los estimulantes se usaban
para tratar el asma y otros problemas respiratorios, la obesidad,
los trastornos neurológicos, y una variedad de dolencias
adicionales. Al hacerse evidente el potencial que tenían
para el abuso y la adicción, su uso disminuyó. Actualmente
se recetan los estimulantes solamente para tratar unos cuantos
problemas de salud, incluyendo la narcolepsia, el trastorno de
déficit de atención con hiperactividad (ADHD, por
sus siglas en inglés), y algunos casos de depresión
que no responden a otros tratamientos. También se pueden
usar para el tratamiento a corto plazo de la obesidad y para ciertos
pacientes con asma.
Los estimulantes como
la dextroanfetamina (Dexedrine) y el metilfenidato (Ritalín) tienen una estructura química
parecida a la de unos neurotransmisores cerebrales claves llamados
monoaminas, que incluyen la norepinefrina y la dopamina. Los estimulantes
aumentan el nivel de estos químicos en el cerebro y en el
cuerpo. Esto, a su vez, aumenta la presión arterial y la
frecuencia cardiaca, contrae los vasos sanguíneos, aumenta
la glucosa sanguínea y dilata las vías respiratorias.
Además, el aumento en la dopamina está asociado con
la sensación de euforia que puede acompañar al uso
de estimulantes.
Las investigaciones
indican que las personas con ADHD no se vuelven adictas a los
medicamentos estimulantes
como el Ritalín, si los toman de la manera y en las dosis
prescritas. Sin embargo, cuando no se utilizan adecuadamente, los
estimulantes pueden ser adictivos.
Las consecuencias del
abuso de estimulantes pueden ser extremadamente peligrosas. Tomar
dosis altas de un estimulante
puede resultar en un ritmo cardiaco irregular, temperaturas corporales
peligrosamente altas, o potencialmente, en una falla cardiovascular
o convulsiones. Tomar repetidamente dosis altas de algunos estimulantes
en un período corto de tiempo puede llevar a la hostilidad
o paranoia en algunas personas.
Los estimulantes no
deben mezclarse con antidepresivos o con medicamentos para los
resfriados que contengan descongestionantes
y que se venden sin receta médica. Los antidepresivos pueden
aumentar los efectos del estimulante, mientras que la combinación
de estimulantes con descongestionantes puede elevar la presión
arterial a un nivel peligroso o puede causar un ritmo cardiaco
irregular.
El tratamiento para
la adicción a estimulantes
de prescripción, como el metilfenidato o las anfetaminas,
está basado en las terapias conductuales cuya eficacia ya
ha sido comprobada en el tratamiento para la adicción a
la cocaína o a las metanfetaminas. Al momento, no hay medicamentos
cuya eficacia haya sido comprobada para el tratamiento de la adicción
a los estimulantes. Sin embargo, se pueden usar los antidepresivos
para manejar los síntomas de depresión que pueden
aparecer como síntomas tempranos del síndrome de
abstinencia al dejar de usar los estimulantes.
Dependiendo de la situación del paciente,
el primer paso para tratar la adicción a los estimulantes
de prescripción puede ser disminuir lentamente la dosis
de la droga, intentando tratar los síntomas del síndrome
de abstinencia. A este proceso de desintoxicación se lo
puede seguir con una de las muchas terapias conductuales. El manejo
de contingencias, por ejemplo, mejora los resultados del tratamiento
permitiendo a los pacientes ganarse vales o comprobantes cuando
su análisis de orina muestra que no han usado drogas. Estos
comprobantes se pueden cambiar por artículos que promueven
una vida saludable. Las terapias cognitivas-conductuales que enseñan
a los pacientes a reconocer situaciones riesgosas, evitar el uso
de drogas, y enfrentar más eficazmente los problemas, han
probado ser beneficiosas. Los grupos de apoyo para la recuperación
también pueden ser eficaces realizados conjuntamente con
la terapia de conducta.
opciones
de tratamiento
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1 Información
tomada de la página Web del National Institute on Drug
Abuse de los Estados Unidos (NIDA)/ NIDA en Español/InfoFacts/los
analgésicos y otros medicamentos de prescripción.
Versión Revisada 04/05 http://www.drugabuse.gov/Infofacts/Medicamentos-Sp.html |