Mi nombre es Max y soy un un adicto en rehabilitación. Durante el poco tiempo que tengo en esta nueva y agradable forma de vivir, día a día busco mantener comunicación con enfermos como yo. De todos ellos tomo su mensaje sin importarme el mensajero, ya que sólo otro enfermo

Culpa: Me tienes hasta la madre. Eres lo más cabrón que he conocido en mi vida. Eres peor que el papilloma, que el cáncer, que una cruda de coca con tequila. Eres más ojete que una noche de $600.00 y un aborto juntos... ¡Ah, y que Sandro y su Trich! Por tu causa me estoy reventando. Es más, por tu culpa hago mil pendejadas,

Desde hace ya varios días sentí la imperiosa necesidad de escribirte para recordar con alguien tan especial como tú aquellos años de juventud, cuando todo nuestro interés giraba alrededor de una mesa de póquer.
Hemos compartido muchas cosas, muchas experiencias, algunas muy alegres y otras tan dolorosas y de resultados tan amargos para nosotras y nuestras familias.

Espero ser lo más claro posible y no liarme mucho, pero si queréis publicar mi experiencia, podéis hacer arreglos o cambios de frases o palabras para que en vuestra tierra me entiendan la mayoría de los miembros de AA.
En la actualidad me faltan pocos meses para cumplir 50 años de edad. Pienso que empecé a tener problemas con el alcohol desde muy joven,

1971. Comenzaba un año más. El año de mi nacimiento. Llegaba a la vida sin saber lo que me deparaba el destino.
Recuerdo algunas cosas de mi niñez: fui un niño inconforme en todos los aspectos, muy exigente. Mi padre, ex bebedor, un neurótico. Mi madre, una persona que había sufrido mucho, también una neurótica. Aunque era muy pequeño para pensar en la muerte, no me agradaba la vida.

 

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