¿Soy un adicto al trabajo, doctor?

Se presentan una autoconversación de un marido agobiado por el trabajo y por las exigencias de su esposa de convivir más con la familia. El autor ejemplifica así una preocupación y contradicción de la época moderna en la que se ven envueltos muchos padres: cumplir sólo con su rol de proveedor y priorizar un buen nivel de vida para su familia o darle también importancia a la afectividad dentro de su rol de padres aún a costa de no consumir todo lo que el mercado demanda.

¿Soy un adicto al trabajo, doctor?

Psicólogo Julio Hernández Elías

--¿Qué digo?... buenas tardes doctor, fíjese que mi mujer dice que... No, mejor: ¿soy un adicto al trabajo, doctor?... ¡No, no, no!

--Todo el mundo dice que... ¡futa, menos! Estoy muy tenso y necesito calmarme... tener que venir a consulta con el doctorcito este... quien me viera... me siento ridículo... y con el trabajo que tengo...

--Mire, yo creo que un profesional como usted entiende a otro nivel yestará de acuerdo en que cómo están las cosas actualmente, pues hay que echarle ganas, porque si no, no se hace nada, o ¿no?... No sé qué le habrá contado mi esposa de mí, pero últimamente ha estado... ¡Uf, no sabe cómo se pone! Parece que le da una embolia: no me habla, no me escucha, ¡ni me ve!... De seguro le dijo que... bueno, no sé qué le habrá dicho, el caso es que aquí estoy.

--Mire, no creo que tengamos más o menos problemas que cualquier familia o pareja... lo que pasa es que ella no entiende... ella es buena, pero muy necia... con el trabajo que tengo... no puedo salirme y dejar todo para estar en la casa y ver qué se le ofrece. Se enoja de todo... de veras, doc, a lo mejor ella sí necesita una... bueno, todos necesitamos un psicólogo, ¿no? Pero, en serio, sí me preocupa... anda mal... Yo nomás me callo: trae el problema este de que quiere ser una "mujer liberada", ¡y no le gusta hacer nada! Se la pasa todo el día en la calle y dice que no le ayudo, que nunca estoy, que mis hijos parecen huérfanos, pero entonces, ¿para qué la tengo?... debería hacer lo que le digo y las cosas estarían mejor... ¿no? ¿Usted tiene hijos? Entonces entenderá lo que le digo: Me grita delante de los niños, se pone como loca, usted imaginará que no me gusta que los niños vean los problemas, ¿ellos qué culpa tienen? Ella ya sabe que eso no me gusta; sobre todo con mi niña, que va tan bien en la escuela, esa sí salió como su padre: estudiosa, ordenada, obediente... ni lata da. Ella debe aprender mucho... ya ahorita, es más madura que su madre, caray... En cambio, su mamá se la pasa de compromiso en compromiso, quién sabe qué tanto hace que no cuida a sus hijos, ¡y me lo exige a mí!... ¡Como si no me matara trabajando para ellos!... Eso sí me enoja, que no reconozca...

--¿Sabe? He llegado a la conclusión de que esos grupos a los que va nada más la confunden... quién sabe desde cuándo le vienen diciendo que tengo que estar en la casa, que tengo personalidad de adicto, que ya no me haga caso... ¿se imagina, doc?... bola de viejas sin quehacer, nomás la confunden, ¿qué puede aprender de allí? ¡Hasta me amenaza con que me va a dejar, que me va a quitar no sé cuánto de mis ingresos!, ¿usted cree?... ¡Habráse visto!... Y luego, las cosas que me hace cuando llego de trabajar: No me da chance de explicarle nada; ella sabe que ahorita tengo mucha chamba, si yo no hago las cosas, los muchachos las hacen mal, y no podemos darnos el lujo de que otra gerencia se lleve los mejores contratos, siempre tengo que actualizarme. Yo estudio, trabajo y hago deporte para mejorar, porque si uno se deja le comen el mandado. A mí me han distinguido por tener los mejores resultados, a pesar del grupo de ineptos que me rodean. No les puedo dejar los expedientes porque me hacen una revoltura fatal... Si yo estuviera mal, la gente no me confiaría el trabajo y yo no tendría los resultados que tengo... pero ella no ve eso, sólo quiere que me quede cuidando a los niños en la casa, ¿qué le pasa?... Usted que la ve, dígale algo... ¡Ayúdela!.

--Sí, sí, yo estoy en la mejor disposición, doc, soy el más ordenado en la casa, todo lo que uso lo dejo en su lugar, por mí no hay problema. Pero ella siempre cree que cuando le hago un comentario, es para criticar lo que hace en la casa, y por eso estalla enseguida. Hasta le digo que es tonta porque en los momentos que estoy en casa me debería aprovechar para convivir, y se lo digo por su bien, pero entonces ella me sale con que soy un manipulador, que si la gente me conociera de verdad, no daría por mi ni un centavo. Decirme eso a mí, que soy un hombre de éxito.. Si ella no quiere tener éxito, que no lo tenga, pero yo... Fíjese usted nada más: ¿cree que a fuerza tenemos que ir a la reunión que ofrece fulano o perengano los fines de semana? Pero no, ella no falla a un mole, y si le digo que tengo trabajo, otra vez sale con lo mismo: "no estás conmigo", "toda la gente cree que soy divorciada", "me hubieras dicho que te ibas a casar con el trabajo y no conmigo". O me llama al trabajo, como hoy, nada más para decirme no sé qué de los niños... cualquier cosa, nada de importancia, y así me llama dos o tres veces cuando sabe que tengo juntas importantes... ¡por favor!... ¡Ella piensa que por mi puesto puedo hacer lo que a ella se le ocurra, caray!... Digo, si yo fuera como esos empleadillos... bueno, no lo digo por que esté mal ser empleado, todos lo somos, pero yo no soy como esos que desde la tarde se instalan a ver la tele, ¡qué irresponsabilidad! Yo no puedo ser así. O qué ¿estoy mal?

--Es lo que le digo a ella: si yo fuera irresponsable con mi casa o mi familia, no viviríamos como vivimos. Usted sabe lo que es eso, ¿tiene hijos? Sí, ¿no? Para empezar, la casa... es el mantenimiento, despensa, teléfonos, el cable, las muchachas, el jardinero, los seguros, los coches; y luego las colegiaturas, el pediatra, que las clases de esto, que las clases de lo otro: que el cumpleaños de zutanita y su regalito correspondiente, ¡no le falla!, y allí va otro tanto, y hay que darle a mi suegra tanto (ahora que me acuerdo, mi suegro me debe un buen billete desde hace tiempo), y aparte lo de mi mamá. Ella no ve eso. Nomás: éntrale por aquí, éntrale por acá, que las tarjetas, que el predial...

--Ahora, que... de veras, yo tengo una buena relación con mis hijos, me aman y yo los amo, los veo diario y si a veces no desayuno con ellos procuro ir a la casa a comer; ya en la noche pues si se me hace imposible irles a poner la pijamita y contarles un cuento como ella quisiera... Yo procuro no discutir cuando están ellos, a mí sí me obedecen y saben cómo comportarse, y es con ella con quien se pelean... En lugar de que los niños la dominen, yo pienso que ella debería ser la que los dirija y eduque ¿no? Pero, en fin, no le digo nada... a veces...

--Ah!, caray... Ya va a salir el doctor... Se está despidiendo del paciente... ¿Qué hago? Mínimo, aquí tengo que pasarme otros sesenta minutos... Así no voy a avanzar con mis pendientes. Mejor luego le llamo y hago otra cita. Sí, será lo mejor.

 

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