¿Tú en qué crees?

Vivimos en ambientes que poco favorecen el desarrollo humano. Compartimos frustraciones constantes, dolor y sufrimiento que tensan nuestras relaciones. Las opciones religiosas o espirituales que ofrecen todo tipo de beneficios y hasta la salvación están a la orden del día. En el presente artículo, el autor realiza reflexiones útiles que nos ayudan a enfrentar este ambiente caótico sin perderse en las alternativas falsas. Se menciona la importancia de distinguir entre práctica religiosa y espiritual, la importancia del estudio, de no buscar otra autoridad que la propia y de confiar en la sabiduría interna entre otros elementos indispensables para ser capaces de crear condiciones que nos lleven a una vida mejor.

¿Tú en qué crees?

Psicólogo Julio Hernández Elías

"...la gente libre, bien nacida y bien educada, cuando trata con personas honradas, sienten por naturaleza el instinto y el estímulo de huir del vicio y acogerse a la virtud. Y es a esto a lo que llaman honor... Pero cuando la misma gente  se ve refrenada y constreñida, tiende a revelarse y romper el yugo que la abruma. Pues todos nos inclinamos siempre a buscar lo prohibido y a codiciar lo que se nos niega".
Francois Rebelais, Gargantúa y Pantagruel

En la pasada temporada, que algunos llaman de religiosidad popular, he sido invitado a pertenecer -o mínimamente a asistir- a grupos religiosos diversos en sus propósitos y creencias que prometen todo tipo de beneficios y hasta la salvación. Como muchos, yo también he sido abordado por personas que me impulsan a estudiar su texto sagrado. Algunos más radicales invitan a vivir en un hogar fuera del sistema, sirviéndose de éste; otros, bailan cantando y venden literatura esotérica, algunos más convocan a seminarios o talleres y pláticas que devolverán el ánimo y la espiritualidad. También hay cursos sobre milagros, reencarnación y demás propuestas del más allá, ya sean cursos escolarizados, por correo electrónico, aéreo o terrestre.

Algunas personas que han acudido a estos llamados ansiaban respuestas a sus necesidades espirituales, pero a la vez, mantenían una reticencia a pensar, razonar o discriminar su adoctrinamiento. Parece existir una credulidad exacerbada en los diferentes estratos sociales, una cierta necesidad de experimentar sentimientos de trascendencia al minuto, de expiar culpas y llegar al paraíso por vía corta, de temporada. En individuos y grupos aparece un enorme deseo de perderse a sí mismos, creyendo en lo que les resulta más cómodo, amable o placentero, mientras se continúa viviendo dentro de una sociedad confusa, compleja y caótica. Se retroalimenta esta especie de inconsciencia que quiere desmentir la realidad del dolor y lo maquilla de mil formas para consolarse.

Otro sector de la población parece buscar en qué creer, pero evitan religiones o sectas debido a que, al menos durante los últimos treinta años, han dejado mensajes muy confusos entre la sociedad (totalitarismo, abusos de toda índole y hasta suicidios colectivos). Describen así su resistencia a seguir obedeciendo reglas poco claras, que sólo favorecen ciertas cuentas bancarias: "la obediencia es una virtud cuando uno es niño, pero no cuando se es adulto", me dicen.

Vivimos en ambientes que poco favorecen el desarrollo humano, se viven y comparten frustraciones constantes, dolor y sufrimiento que tensan nuestras relaciones. Además, reflexionamos muy poco sobre la forma en que elegimos vivir. Conservamos la tensión como un mal hábito y no aprendemos a relajarnos del todo, por y en un ambiente sobrecargado de toda clase de estímulos.

Desafortunadamente, continuamos haciendo a un lado la causa de las tensiones y atacando sólo sus síntomas. Para estar tranquilos, nos refugiamos en prácticas que nos permiten conservar la negación, el control y el poder sobre las situaciones. Como resultado, incrementamos la presión acumulada. En la práctica clínica, comprobamos que tan pronto pretendemos evitar el sufrimiento, lo incrementamos.

Si se nos dificulta mantener el equilibrio físico y psicológico, con poca probabilidad encontraremos espacios para reflexionar y ponernos críticos hacia nuestros actos y creencias. Todas las personas que buscan elementos y condiciones que les brinden los momentos para la relajación y reflexión interna, necesarios para alcanzar el propio equilibrio, nos reportan algunas reflexiones útiles para no perdernos entre tantas opciones religiosas o espirituales:

o Para encontrar lo espiritual no se necesita buscar hacia arriba o más allá, el primer paso es tomar la decisión de establecer una nueva relación con la realidad, la cual ha de basarse en el entendimiento de que a paertir de ahora, será usted quien tome las decisiones. Juzgue por usted mismo lo bueno y lo malo. Confíe en su sabiduría interna. Como estrategia general: vuelva hacia sí mismo, vuelva a confiar en su percepción, emoción e intuición, esto nos reconecta al mundo.
o Resulta importante distinguir entre práctica religiosa y práctica espiritual:

o La práctica religiosa se basa en creencias, milagros, misterio, en figuras protectoras y de autoridad a priori; los practicantes oran y rezan rogando por el yo, la moral y la iglesia. Tienen las respuestas antes de formular las preguntas, porque Todo está escrito.
o En la práctica espiritual, los practicantes usan un método de centramiento para provocar una respuesta de relajación, como una forma de contener el continuo parloteo mental. Es una forma de frenar o fortalecer la conciencia; fomenta el crecimiento y el desarrollo de la mente.

o La reflexión importante en materia de fe consiste en suponer que el texto que uno debe descifrar es el de su propia vida.
o No buscar otra autoridad que la propia. Hay que dejar de esperar órdenes, costumbres, premios y castigos, ya que es pretender la dirección externa, pero uno tiene que plantear el control desde dentro de sí. No preguntarle a nadie sino a uno mismo ¿qué quiero hacer con mi propia vida?. Lo cual implica no ponerse al servicio de otro por bueno, sabio o respetable que sea. Además, evite médiums y todo los que se autodenominen canales del más allá, esto mejorará la relación con el aquí y el ahora.
o Entre la gran cantidad de elementos de los diferentes credos, que existen aspectos que han resultado enriquecedores y dignos de ser compartidos. Por ejemplo, de Jesús y de Buda rescatemos su libre albedrío y su compasión. De Krishna, las enseñanzas del Bhagavad Gita; de Zaratustra: Nietzche; de Moisés, la utopía y el nomadismo; de Mahoma, el continuo guerrear (no confundir al guerrero con el soldado); de Lao Tsé, las enseñanzas del Tao Te King. Asímismo, tenemos al agua como modelo de conducta, al yoga como unidad del ser y al karma como llave del enigma del yo profundo. Hay quien afirma que no se necesita saber más, esto basta por el momento.
o Repensar nuestra condena de ser libres, como decía Sartre. No podemos eludir la responsabilidad creadora de elegir nuestro camino. En este proceso, uno aprende a narrar su propia historia y puede aprender que esas situaciones son los exámenes de la vida, son el ensayo-error eterno en la experiencia de estar vivo.
o Estudia hasta ser sabio, estudia hasta ser compasivo. Este pensamiento budista nos ilustra la presencia, en la vida espiritual, de la gratitud y el cuidado por los demás. Desarrollar la propia vocación implica que lo de en correspondencia con las necesidades del mundo. Mucha gente puede tener gran talento, pero ignoran a los que sufren, no perciben la necesidad de cambios reales y no sintonizan sus dones con lo que el mundo requiere de ellos.
o Reflexione y cuestione ante la gran oferta religioso-espiritual que nos ofrece el mercado. Muchos se afirman como portadores del mensaje divino, tienen la verdad o la salvación, encarnan a tal o cual deidad, por medio de ellos usted puede alcanzar la iluminación, la prosperidad, el secreto de la vida, en un taller de dos semanas. Son intensivos y aceptan American Express, dicen.

Retomemos nuestra tarea de decidir y hacer lo que uno quiere, para darnos buena vida. Cuidado: no confundir hacer lo que uno quiere, con hacer lo primero que se nos ocurra. Es muy importante ser capaz de establecer prioridades e imponer cierta jerarquía entre lo que de pronto nos apetece y lo que a la larga queremos. Se dice que la buena vida es la que educa la templanza y prepara para la prudencia. Podemos contener el deseo inmediato para no estropear las posibilidades de conseguir lo fundamental en nuestras vidas como individuos, familias y sociedades.

Para consultar
Dyer, Wayne W. Tu yo sagrado. Ed. Grijalbo, 1996. Barcelona, España.
Lynn, Dennys y cols. Pertenecer. Lazos entre la sanación y la curación. Ed. Promexa.1991, México.
May,Gerald G. Addiction and Grace. Love and espirituality in the healing of addictions. Ed. Harper. 1991, San Francisco, California.

 

 ¡Llámenos!

(55) 5008 1709


Calle Molinos núm. 20 Int. 8

Colonia Mixcoac
Delegación Benito Juárez. CP 03910
Ciudad de México. México

©2016 Liberaddictus AC

Search