Dime que comes... (segunda y última parte)

La medicina psicosomática considera a la enfermedad como el resultado de un desequilibrio en la relación ente factores físicos, psíquicos y socioambientales. El presente artículo es la segunda parte del análisis para comprender la relación que existe entre el ser humano, lo que come y cómo lo come y su salud.

Dime qué comes...
(segunda y última parte)

Psicólogo Julio Hernández Elías

Actualmente se reconoce la importancia que tienen los fenómenos psicosociales en el origen de la mayoría de las enfermedades. Los trastornos digestivos han sido desde hace tiempo los primeros en hacerlos evidentes. Sin embargo, esta influencia en el origen y desarrollo de los trastornos es todavía poco conocida, pese a su importancia capital para la prevención y el fomento de la salud.

En el número anterior enfatizamos la importancia que tiene la alimentación y el proceso digestivo en el vínculo que se establece entre el niño y su madre, y señalamos tendencias hacia cierto tipo de alimentos, derivadas de esta relación. Ahora continuaremos con el recorrido de los alimentos por el tracto digestivo, para acercarnos a una comprensión de lo que intenta expresar el individuo cuando presenta problemas digestivos, desde la perspectiva del lenguaje y del conocimiento del popular.

Instintivamente, el ser humano siempre ha sabido que los órganos de su cuerpo expresan, los conflictos que su yo conscientemente no reconoce. El yo lo empleamos como sinónimo del sí mismo en su sentido subjetivo, tal como lo propone Lowen: "conocer el sí mismo a través del sí mismo, es el único método de que se dispone cuando volvemos la vista sobre nosotros mismos1".

"El yo es ante todo, un yo corporal", nos decía Freud2 cuando aseveraba que "el yo se deriva en último término de las sensaciones corporales, principalmente de aquellas que proceden de la superficie del cuerpo". El yo tiene por núcleo el sistema de percepción y todas sus percepciones pasadas y presentes; comprende lo consciente, aunque esto debe ampliarse a todo lo que alguna vez fue consciente, es decir, lo inconsciente reprimido y lo preconsciente3.

Pueden existir personas con un yo fuerte como signo de salud emocional, pero éste puede coexistir con una grave neurosis si su energía se emplea en reprimir temores, impulsos y sensaciones. El individuo que al principio de su vida no experimentó de modo consciente sensaciones como la seguridad, necesita, por medio de la terapia, de los medios para obtener seguridad en el presente. La falta de reconocimiento, reflexión y tratamiento oportunos de estos trastornos los han agravado. Cada vez es mayor el número de personas que dependen, ya sea de la ingesta de sustancias psicoactivas, o de actitudes que lo enferman, para mantenerse funcionando en su medio psicosocial .

El lenguaje popular no ha dudado en señalar con dichos y refranes populares estos trastornos, los cuales han sido integrados al vox populi, vox dei en la cotidianidad de nuestros pueblos.

Los alimentos realizan un recorrido por el tracto digestivo, que va desde la boca hasta el ano. Cada parte del tracto tiene un simbolismo y una manera de relacionarse con los alimentos:

La boca: Aquí, los alimentos son triturados por los dientes que muerden y mastican, lo que los convierte en la representación de la agresividad por excelencia; el lenguaje lo demuestra al utilizar la frase enseñar los dientes. Una persona con mala dentadura muestra, independientemente de la influencia que puedan tener factores como la alimentación o la constitución, dificultades para manifestar agresividad. Rechinar los dientes es sinónimo de rabia contenida. Puesto que agresividad y vitalidad son dos aspectos de una misma fuerza, las personas con mala dentadura, tienen también escasa vitalidad e indecisión. Los problemas se les hacen difíciles de afrontar, como el hueso difícil de roer.

Encías: Si los dientes representan la vitalidad, la agresividad y la indecisión, las encías, base de los dientes, representan la base de esa vitalidad. A quien le falta esta confianza, tiene dificultades para afrontar sus problemas con decisión y le cuesta trabajo participar en algo activamente. Por tanto, las encías sensibles, que sangran con facilidad, nos muestran a un individuo depresivo, inepto para respaldar sus propias decisiones. Por eso sangra, como si así se le fuera la vida.

Garganta: Los problemas de la garganta representan dificultades para hablar de uno mismo, remite a considerar bloqueados los canales de la creatividad y de rechazo al cambio.

Tragar: Los alimentos ya masticados se aceptan para que formen parte del organismo. Las expresiones difícil de tragar y un mal trago son comunes ante una experiencia negativa. En cuanto al acontecimiento disfrutable y apetecible, comúnmente decimos que está como para comérselo. Así, sentir un nudo en la garganta, demuestra la dificultad o incapacidad para aceptar algo. De tal manera que de sólo pensarlo se me revuelve el estómago, se me quita el apetito o me dan náuseas, incluyendo el vómito¾, esto puede verse como un intento de librarse de lo que al individuo no le ha quedado más remedio que tragárselo.

Estómago: Cuando los alimentos llegan al estómago se generan jugos gástricos para descomponerlos y hacerlos asimilables. Cuando una persona contiene sus emociones, se tensa y no las exterioriza, segrega mayor cantidad de jugo amargo y corrosivo; se dice que está amargado pues no exterioriza su descontento. El aumento de secreción gástrica se debe a que el estómago intenta asimilar sentimientos difícilmente digeribles, y al no encontrar nada, el jugo irrita la mucosa del estómago, hasta llegar a causar úlcera o gastritis.

Intestino delgado: Los alimentos se dividen, se asimilan o se desechan en una función de análisis similar a la que realiza el cerebro. De manera análoga, si hay alteración en el funcionamiento del intestino delgado, es porque la persona analiza demasiado o muy poco sus problemas; es decir, se va a los extremos. Si aparece el miedo y dirige hacia adentro su angustia vital, el individuo lo resuelve con un exceso de preguntas (querer saber qué, quién, cómo, cuándo, dónde), o con la falta de crítica: me vale (no saber). En los trastornos frecuentes de esta zona encontramos la diarrea, manifestación de angustia, miedo que no permite analizar lo que pasa y lo suelta todo sin digerir. ¿Quién no ha dicho o escuchado que tal o cual tipo se hizo en los calzones de puro miedo?

Intestino grueso: Esta zona representa la facilidad de dejar ir lo que ya pasó. Al contrario de la diarrea del intestino delgado, el estreñimiento se da en esta zona donde sólo se extrae el agua del resto de los alimentos ingeridos. Simbólicamente, las heces representan un regalo, un recuerdo de las deposiciones que el niño obsequiaba a su madre haciéndola feliz, ya que así confirmaba que todo marchaba bien. En el estreñimiento existe una resistencia a dar, ya sean dinero o regalos, retener en lugar de soltar, una escasa generosidad del sujeto que se aferra a la materia (fecal) y no es solidario; otro significado del estreñimiento es temor por sacar a la luz el contenido del inconsciente, el intento de mantenerlo reprimido. En la sociedad actual, la mayor parte de las personas lo padecen. Quienes sufren de colitis generalmente tiene miedo a vivir su propia vida y necesita alejarse de la "madre", vencer el miedo a la soledad y asumir la responsabilidad que acarrea la libertad personal. En resumen, los problemas en el funcionamiento de intestinos hablan de miedo a dejar ir el pasado y lo que ya no se necesita.

Reflexione, mi estimado lector, sobre estos puntos y platíquelos con el espejo, intente identificar similitudes y si las encuentra en su estilo de digerir, háblelo con su médico o terapeuta, infórmese lo mejor que pueda acerca de cómo es que usted obra.

¿No ha escuchado usted la expresión popular que dice qué bien se siente uno cuando obra bien?

Notas
1. Lowe, Alexander. El lenguaje del cuerpo.Herder. Barcelona,España.1995.
2. Freud, Sigmund. El yo y el ello. En: Obras completas VII, p.701-2728. Biblioteca Nueva, Madrid, España. 4a. ed. 1981.
3. La mayor parte de las funciones del organismo son inconscientes, aunque también tienen su representación en la mente. De hecho, la mayor parte del sistema nervioso está implicado en actividades corporales de las que no somos en absoluto conscientes. "El yo tiene por misión transmitir la influencia del mundo exterior al ello, a sus tendencias y esfuerzos, a fin de sustituir el principio de placer imperante en él, por el principio de realidad. En el yo, la percepción desempeña el papel que en el ello corresponde al instinto". (Cfr. Lowen, Nota 1).

 

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